sábado, 10 de agosto de 2019

Resfriado

Es sábado y estoy tumbado en mi cama, mi cuerpo no ha soportado el frió intenso cusqueño y ha caído abatido, extenuado; presa de un catarro y de unos malditos escalofríos que son como pequeños electroshocks.
Una mala costumbre que tengo es buscar en linea algún remedio, y claro, a los pseudomedicos online de mis amigos; así tomo dos grajeas de considirex y dos comprimidos de rosafixidin 500 y dos más de tetrapoulisinoma 2000 y para que agarre bien medio vaso de cerveza malta. Conclusión: Nunca automedicarse.
Luego de 1 hora de alucinaciones, voy a la clínica, esta vez esperando el dictamen y asesoramiento de un profesional con estudios y especializaciones, super serio y experimentado que me pregunta -¿De qué color son tus mocos?- dicha pregunta me causa gracia así que sonrió -Aun no he descubierto el color exacto, así que diré "verde canario"- Respondo esperando una sonrisa que no llega. Veredicto final: Inyectables.

Paso a la otra habitación donde una, no tan amable, enfermera espera:
- Buenas, necesito que me aplique una inyección contra el resfrió.
- ¿Es alérgico a algún medicamento?.
- No, a lo que soy alérgico es a las agujas- broma que no cayó nada bien a la enfermera.
- Bueno, bájese los pantalones por favor.
- Señorita, recién nos conocemos, como va a decir eso...- Broma que cayó peor a la enfermera.
- Usted es gracioso, igual que mi ex, ese maldito también era gracioso.
- Señorita, ¿me va a doler?...

Y sí, dolió, no falta el amigo que te dice "vamos por un par de te piteados o unas chelas y estarás como nuevo". Alguna vez lo he intentado, pero nunca ha funciona, te sentirás mejor ese momento, si,  pero al día siguiente estarás doblemente mal; además no hay doctor que recete "un par de shots cada dos horas".

Por ahora voy por mi segundo inyectable, no se si lo que más me molesta es el resquebrajamiento temporal de mi salud, o esta sensación de absoluta inutilidad y dependencia. Refundido sobre el colchón, soy un completo cero a la izquierda.
Es en momentos como estos que uno extraña compañía, una chica que me engría, que me cuide, que me provea de mimos y me tome la temperatura, y se quede a mi lado, leyendo revistas o viendo Netflix, mientras yo me recupero.

Aunque, claro, tal vez no sea buena idea del todo, puesto que las parejas, en la enfermedad, se las arreglan para ejercer uno de sus pasatiempos favoritos: Discutir.
Si es uno el que está enfermo, reclamará hasta el chantaje sentimental que la pareja permanezca al filo de la cama y se olvide de sus planes. Por el contrario, si es el otro el que cae constipado, uno tratara de hacerle entender que su estado, por muy delicado que sea, no puede recortar la libertad de nadie.
En ambos casos uno siempre exagerará su postura para ganar la pulseada y promoverá maquiavélicamente una gresca para hacer sentir mal al otro.

- Si quieres ir, ve y diviértete con tus amigas, cof, cof (tos de mentira). No te preocupes por mí, me quedaré aquí, aburrido, postrado en el lecho del dolor, viendo entre sueños la escuálida cara de la muerte.
- Ay, amor, no seas melodramático; hoy es mi fiesta de graduación. No puedo dejar de ir. El plan era ir contigo, pero no puedes. Además me he quedado contigo desde la mañana.
- Esta bien, anda, yo no te retengo, pero que conste, cuando tu estés enferma y mis patas organicen una encerrona, yo no me quedo contigo, conste.

Polémicas como esa se desatan entre novios cuando uno de los dos cae infectado por un virus. A pesar de esa posibilidad, creo que me caería bien en estos momentos una agradable compañía.

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