martes, 22 de noviembre de 2016

Insinuación

Hace unas semanas fui a un bar por Tecsecocha, pensé ir con unos amigos pero cancelaron a ultima hora, no quería quedarme con la avidez así que acudí sólo, pensé sentarme en la barra y tomar un trago, solo para sacarme la espina,
la verdad esperaba encontrarme con alguien conocido en el lugar, pero después de media hora sin resultados intuí que no tendría suerte y opte por pedir el último "mojito" antes de irme a dormir.
Fue en ese instante que sentí un dedo delicado martillando repetidas veces mi hombro; gire la cabeza y ahí estaba ella (digamosle F), descaradamente guapa, mostrándome su sonrisa mas espontanea y diciendo mi nombre con un todo de entusiasmo "Hey, Jóse, a los años, ¿cómo estás?".
Antes de que pudiera siquiera responderle, ella ya me estaba dando un beso ligeramente pronunciado en la mejilla. Fue un beso de dos segundos (una duración inusual para un inocente beso de saludo). Pero, bueno, no me lo tome a mal, total- pensé -los reencuentros suelen venir acompañados de ese tipo de manifestaciones excesivas.
A F no la veía hace, por lo menos, 3 años. La ultima vez había sido en su fiesta de despedida, pues se fué a un crucero a trabajar por un largo tiempo. En esa ocasión asistí junto a su ex enamorado, mi amigo, a quien hacia muy poco ella había terminado después de dos años juntos, en aquella ocasión el estaba deprimido, muy dolido y resentido; apenas la vio entrar tembló de la impresión y me dijo en voz baja "ta mare, ahí vino la perra", bueno al ser su fiesta de despedida, no se a quien esperaba.
Para mi estaba claro que F no era ninguna perra, pero mi amigo se sentía en todo su derecho de reaccionar con dureza, cuando uno tiene el corazon hecho un anticucho dice estupideces y en lo que menos piensa es en usar los adjetivos correctos.
Pero ese episodio había ocurrido, como dije, hace tres años. Ahora ya no estábamos en ninguna fiesta de despedida, sino en un aglutinado bar del centro tomando mojitos y actualizando nuestras historias. Y, lo mas importante, ya no estaba mi amigo, sino solamente los dos.
Confieso que F siempre me había llamado la atención; ademas de linda era una chica muy divertida y normalmente coincidíamos cuando hablamos de discos, libros y películas.
Cuando ella estaba con mi amigo, yo nunca la mire con intenciones inapropiadas; o, para ser franco, me escudaba ese refrán que dice "la flaca de mi amigo es hombre".
Pero de que me gustaba, me gustaba; por eso cuando la encontré en el bar, en vez de alegrarme, palidecí, porque tuve la inconfundible sospecha de estar metiéndome en un aprieto. Varios minutos después, cuando me percate de su proximidad, de sus giros coquetos y de su despachada buena honda conmigo, algo en mi cabeza se retorció. "Es la ex novia de mi amigo, es la ex novia de mi amigo", me repetí en silencio.
"Me encantas, siempre me has encantado", me dijo de pronto F, acercándose todavia mas y debilitando el invisible campo magnético que yo había levantado a mi alrededor para no caer en la tentación. Mi sabia y madura respuesta a sus inapelables palabras fue: "Un toque, voy al baño".
Pensé en huir de bar, pero en realidad me urgía ir al baño y, ademas, no había pagado la cuenta y no quería endosarsela tan conchudamente. Una vez en el baño, mirándome al espejo, empece a interpelarme y a interpretar, alternadamente, al ángel y al demonio que conviven en mi.
- ¿Pero que estas pensando hacer? vas a fregarlo todo, solo por un agarre, piensa en tu pata -me reté, haciendo gala de mi persuasivo discurso samaritano.
- Un momentito, ¿acaso tu estas propiciando todo eso? ¡es ella la que te quiere dar vuelta! (no literal) así que déjate de mariconadas, lávate la cara y ¡aprovecha! - Argumentó sólidamente, el Jóse en versión demonio.
- Pero, ¿y la lealtad?¿no se suponía que con las ex de tus amigos no debes meterte, que son mujeres prohibidas? -contraatacó mi Yo angelical, pundoroso, dispuesto a dar batalla.
- ¿Lealtad? ¡Lealtad mis pelotas! Las personas no son propiedad de nadie, Una vez que las relaciones concluyen, las dos personas vuelven a ser completamente libres -Pregonó acertadísimo, el diablo que me habita.
Luego de tan intenso combate salí del baño sin saber que hacer, pensé en neutralizar mis deseos, reprimiendo mis hormonas y haciendo acopio a todas mis fuerza mentales, pero cuando llegue a la barra, ella se había quitado el abrigo y exhibía  impúdicamente un escote muy poco colaborador.
"¿En serio te encanto?", le pregunté, imprudente, ya resignado a sufrir los estragos de la montaña rusa en la que me estaba subiendo. Ella me sonrió y se acercó a dos milímetros de mi rostro, la vi cerrar los ojos y entreabrir los labios.
Continuara...

viernes, 18 de noviembre de 2016

Salida

 - ¿Alo?.
- ¡Oe hoy somos! hable con mi flaca y quiere salir con su amiga.
- Ya, y...
- Y me dijo que lleve a un amigo.
- Y ese amigo soy yo, ¿no?.
- Ya le hable de ti y quiere conocerte, así que vamos.
- La verdad estoy cansado, no creo que pueda.
- No te achiques, recuerda que me debes una, además hace tiempo que no sales, ¡vamos!.

Por lo general me rehúso a participar de las citas a ciegas, considerando que mi vida suele estar normada por la Ley de Murphy ("Si algo puede salir mal, saldrá peor"), es seguro que una cita de esta naturaleza (pactada por terceros) no podría depararme ninguna satisfacción.
Sin embargo, pese a tener clara esta postura, esta vez accedí a los pedidos de Max, con ese talento persuasivo tan innato y demoledor (apura pues huevón) no le tomo mas de diez minutos convencerme por teléfono de que aceptara salir con ellos, Max, Alexandra y su amiga Milagros.
- Es linda, vive sola, es super creativa. Le hable de ti, le dije que eres un mate de risa.
- Ah, ¿si? -Le seguí la cuerda, fingiendo asombro.
Por supuesto que en silencio reía, pues recordé que esa es la expresión que se acostumbra utilizar para referirse a un chico que no es lo suficientemente atractivo. "No es un chico guapo, pero es un cague de risa". Es lo mismo que decir "Es feíto, pero buenísima gente". Osea una compensación, un premio consuelo, el rescate de una pequeña fortaleza de carácter en un mar de debilidades anatómicas.
- Ok, salgamos los cuatro entonces -le planteé a Max, seguro de mi hipotética destreza para el arte de la comicidad me embellecería ante los ojos de la tal Milagros.

Para mi sorpresa, Milagros era bastante guapa, algo por demás inusual en este tipo de citas, donde, por lo general, la pareja de enamorados suele enchufarte a la amiga fea que no tiene con quien salir.
Este, felizmente, no era el caso. Milagros era, repito, lindisima. Tenia el pelo castaño ondulado, ojos marrones, una nariz respingada y una boca minúscula que, al reírse, se agigantaba pero solo para contraerse inmediatamente después.
Bajo el estímulo de un "te piteado", los cuatro fuimos atravesando todas las honduras temáticas posibles. Luego, como ocurre en una cita en la que el objetivo es que dos de sus participantes hagan "clic", Max y Ale fueron independizando estratégicamente su conversación hasta levantar un invisible biombo entre ellos y nosotros.
Cuando menos nos dimos cuenta, ya no eramos un cuarteto, sino dos parejas compartiendo la misma mesa.
Milagros y yo entonces pudimos hablar más privadamente de todo. Como en todo primer encuentro los ítems no se agotaban y la sensación de constante descubrimiento se prolongó durante horas. Hasta que, claro, fuimos llegando al tema de fondo que es, en realidad, el único que importaba. El amor. Era importante saber de qué trajinado pasado amoroso venía cada uno. Y ahí todo lo idílico del ambiente comenzó a adquirir matices mas grises, mas reales.
- ¿Que pasó con tu ex?-le disparé a quemarropa, luego de que ella disimuladamente, insinuara que ya no estaba con enamorado.
- Nada, terminé con él, porque era un celoso de porquería.
Cuando Milagros acabó de decir eso las primeras palabras de incendio comenzaron a ulular en mi cerebro. "peligro, peligro, estas frente a una mujer que odia a los celosos".
Que cara de "ampay" abre puesto que ella quiso, sin perder tiempo, averiguar mi postura ideológica respecto de tan polémico debate.
- Tu no eres celoso no?
Me quedé mudo cinco segundos, luego reaccione
- Yo, no, nada que ver
- Ah ya menos mal, imagínate que el tarado este me quería acompañar a todas las reuniones del trabajo, quería que le presentara a todos mis amigos, esta loco

NOTA: No es que sea un enfermo celoso pero, vamos, pienso que todos tenemos un grado de "celodez", el que diga que nunca sintió celos, esta mintiendo.

- Me parece que es un idiota -dije, sobreactuando con impecable descaro.
- Si, que horror, no entiendo por que hay hombres que creen que una les pertenece -dijo Milagros algo escandalizada.
- Si, yo tampoco entiendo -musité.

Resolví, entonces, usar mi "performance" dramatúrgica pronunciando las típicas palabras que un hombre dice cuando quiere seducir y apantallar a una mujer, presentándose como el antitésis del genero, como el chico mas abierto y seguro del orbe.
- Yo creo que en las relaciones cada uno debe tener su espacio y mantener su independencia.

Luego cambie rapidamente de tema, conté anécdotas, despilfarre chistes, exagere mis puntos de vista sobre las relaciones amorosas para sonar más divertido, imité a personajes, me burle de todo. Fui, pues, todo un "cague de risa".
Desde ese viernes, hace ya tres semanas, no he sabido mas de Milagros. Me parece que ella se quedó con la misma sensacion ambigua que yo, la sensación de que sería inútil intentar algo. Nos llevaríamos bien, pero solo eso. Aquella noche nos reímos, y diría que hasta nos gustamos, pero nunca se produjo el tan promocionado (por Tula) "Clic". Falta de química que le dicen.
Eso es lo malo de las citas a ciegas: te sientes medio obligado a gustarle a la persona que te presentan. Y no dices todo lo que eres, ni cuentas todo lo que sabes.

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