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domingo, 8 de marzo de 2020

Viaje

Mientras trepaba las escalinatas del avión me copaba el firme deseo de suspender temporalmente mi identidad, de llegar a mi destino y colocarme una mascara, un antifaz. Algunas personas hacen eso cuando están aburridas o estresadas; huyen por unas semanas y, una vez en el extranjero, se transforman, mutan, olvidan intencionalmente quienes son.
Todo desplazamiento geográfico es, en el fondo, un cambio de escenario. Viajar a otro país te permite actuar o sobreactuar, es como ingresar a otro set, como mudarte de película. Y en tales circunstancias resulta lógico que te provoque deshacerte del hombrecillo que eres todos los días, elegir otro personaje y encarnarlo a espaldas de los demás integrantes del reparto.
"Quiero ser otro mientras dure este viaje", me dije. Eso es; a cada persona que conozca le daré una referencia falsa y distinta sobre mi; reescribiré mi existencia, diré que soy un joven abogado de éxito, o un jinete campeón, o un requerido agente de bolsa, o un popular conductor de tv, o un trapecista osado. lo que sea, que mas da; por unos días no quiero ser yo.
Los últimos días me ha ido tan mal interpretándome que, ante tan opaca performance, es saludable tomar un receso, un break, un intermedio como en el teatro.

Todo eso pensaba mientras me acomodaba en el asiento 26F del avión, contiguo a una señora que no paraba de preguntar sobre mi vida y motivos de viaje.
En algún punto pensé decirle que quería descansar, pero justo ahí pasó una de las aeromozas ofreciéndonos algo de tomar; su sonrisa y sus pestañas me dejaron tan alelado, que ya no quise dormir, porque me espantaba la idea de que me viese durmiendo con la boca abierta, dejando caer mis babas.

Llegué a mi destino cansado, no pude dormir mucho, debido a la tribulación tonta de no dejarme ver en alguna penosa escena al pernoctar.
Es difícil comunicarse cuando no dominas el idioma de un país foráneo, parecía un mimo tratando de preguntar la dirección de mi hotel, ya reservado con anticipación, solo el gran "Googlemaps" era mi amparo.

Llegué al hotel que parecía uno de 5 estrellas, asombrado pues el que yo había reservado en linea era uno módico, de media para abajo; me sentía como Macaulay Culkin en "Mi Pobre Angelito", en la reservación me atendió un hombre vestido de etiqueta, saludándome y preguntando muy formalmente "Buongiorno, hai una prenotazione? Come ti chiami?", solo apelé a responder mi nombre.

Muy protocolar me solicitó que aguardara en el recibidor. El lugar era tan elegante que me sentí incómodo, pues los huéspedes concurrían todos formalmente vestidos y, claro, yo iba con un jean azul descolorado, camiseta "Rick y Morty" y una mochila negra con espacio para mi cantimplora, cual desharrapado a comparación. Pronto se acerco a mi el "botones" invitándome a que lo acompañara, caminamos hacia la puerta y salimos, estaba indignado - si me había equivocado de hotel que le costaba decirlo -pensaba; me sentía expectorado del lugar, como si el de seguridad te botara de alguna discoteca porque ya estas pasado de copas.

Transitamos por las calles de Roma, pasando muy cerca del Vaticano, pensé en ese entonces que tal vez el tour estaba incluido con la estadía; claro que escuche que los tours "gratuitos" siempre son recompensados con alguna propina; yo, muy pegado a mis costumbres tenia el dicho de cuando dicen gratis, es gratis. 

-La tua prima volta in Italia? -preguntó el muchacho que me escoltaba. Por supuesto que solo entendí "Prima" e "Italia"
- No tengo primas ni parientes por acá -respondí de inmediato.
- Non importa, questa e la tua stanza, spero che la tua visita sia di tuo gradiamento.
pronto sacó una llave y abrió una cochera, ubicada a 3 cuadras del hotel, dentro se encontraba por fin la habitación reservada, muy espaciosa, con sala, cocina, un dormitorio amplio, todo muy cómodo.
- Ora me ne vado, questa e la tua chiave, buona giornata -se pronunció entregándome las llaves
- Yo no entiendo lo que estas diciendo, solo espero que no me estés maldiciendo -le respondí impostando la voz al mismo estilo de Residente.😎

viernes, 21 de junio de 2013

El Hotel

Panky dejó sólo a un desconcertado Mauricio, y se dispuso a coger el primer taxi que pasaba

- A donde lo llevo?
- Av la cultura, Thalia, El hotel, 452... pero yaaaaaaa!!

Panky solo repetía, Thalia, hotel, Thalia, Hotel, no podía pensar en otra cosa, la calentura lo cegaba, su corazón se aceleraba, Aunque estaba muy desconcertado y quizás enamorado de Pamela, Panky no pudo resistir el deseo natural que Thalia le despertaba. Le fascinaban su parquedad, su astucia, su desparpajo, su visión retorcida de muchas de las cosas que el resto de mujeres homenajeaba.

Pronto llegó a su destino cerrando la puerta del taxi se acerco a la recepción de dicho hotel.

- Buenos días habitación número 12 por favor.
- Claro lo están esperando, segundo piso a la derecha.
- Muchas gracias.

La subir las escaleras Panky se ponía cada vez más nervioso, aunque parezca difícil de creer, esta era la primera vez que lo iba a hacer en un hotel, le sonaba tan clandestino, ilegal, y por alguna razón eso le resultaba excitante.

Al llegar a la habitación Panky sintió una fuerte sensación de remordimiento- "Que estoy haciendo" -se preguntaba a si mismo- no puedo hacerle esto a Pamela, ella por fin dio muestra de interés hacia mi, y yo en vez de retribuirle y declarar mis sentimientos me comporto como un perfecto idiota... debo salir de aquí! -pensó decidido.

La puerta se abrió, antes de que siquiera hubiese tenido oportunidad de tocar, Panky reaccionó con susto. El rechinar de las bisagras desaceitadas lo trajo de vuelta al presente.

- Panky, hola. Te vi llegar por la ventana. Dale, entra -Dijo una espectacular Thalia, que haciendo gala de todo su desparpajo e insolencia llevaba puesto solo una toalla.
- Qué tal, Thalia. Cómo estás -Dijo un tembloroso Panky que en ese momento estaba enmarañado en emociones agitadas.

No sabía como salir de tal situación, en realidad se trataba de luchar contra el deseo natural, salvaje y a la vez egoísta que significaba "tener" a Thalia; ahora se daba cuenta lo valioso que hubiese sido frenar su ímpetu desde el inicio del cortejo.

Panky decidido a alejarse. No bruscamente, claro, porque eso (estaba seguro) provocaría en ella una reacción violenta. Tenía que hacerlo poco a poco, lento, lo suficientemente lento como para sugerir que se trataba de un desafortunado mal entendido.

Y claro, como ya estamos acostumbrados a lo ingenioso, agudo, calculador y sobre todo sutil actuar de Panky, el dijo:

- Thalia, lo siento... me equivoque de... hotel!.. me voy cuídate!

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